Emprender de nuevo después de 30 años: por qué he creado Vivert

Hay una pregunta que me han hecho mucho en los últimos meses, casi siempre con media sonrisa: «Luis, ¿a estas alturas te pones a montar una empresa de plantas?». Y la respuesta corta es que sí. La larga es este artículo.
Llevo treinta años en la empresa. He sido técnico, jefe de proyectos, director comercial, director internacional y director general. Desde 2015 creo y dirijo mis propias empresas. Con ese recorrido, uno podría pensar que lo razonable es dedicarse a aconsejar a otros y no volver a empezar de cero. Pero emprender no es algo que se haga una vez y se archive. Es una forma de mirar el mundo, y cuando ves un problema que nadie está resolviendo bien, cuesta mucho quedarse quieto.
El problema que vi
Las plantas en las oficinas casi siempre acaban igual. Se compran con ilusión, se colocan donde quedan bonitas y, a los pocos meses, están amarillas, con mosquitos en la tierra, con un plato lleno de agua estancada o directamente sustituidas por una de plástico. Nadie es responsable de regarlas, nadie sabe cuánto riego necesitan y la tierra hace el resto.
Al final, muchas empresas tiran la toalla y ponen plantas artificiales. Y es una pena, porque se pierde justo lo que buscaban: la sensación de entrar en un espacio vivo.
Ahí vi la oportunidad. No en vender plantas, que eso lo hace cualquiera, sino en un sistema que haga que las plantas sigan vivas y bonitas sin que la empresa tenga que preocuparse de nada.
Más de dos años antes de vender nada
Esta es la parte que no sale en las fotos y la que más me ha enseñado. Antes de lanzar Vivert hemos pasado más de dos años investigando y probando.
La clave técnica de Vivert es el sustrato mineral: las plantas no van en tierra, sino en una mezcla propia de piedra pómez, lava volcánica y zeolita natural, en maceteros con un depósito de agua y riego por capilaridad. Dicho así parece sencillo. No lo es.
Foto real: palmera en sustrato mineral y macetero con depósito, en una oficina.
Hemos probado proporciones, granulometrías y especies. Hemos visto plantas que se adaptaban a la primera y otras que no. Hemos aprendido que pasar una planta de tierra a sustrato mineral necesita unas doce semanas de adaptación, que es la fase más delicada de todo el sistema, y que si se hace mal, la planta lo paga. Por eso tenemos invernaderos propios en Zaragoza, donde cultivamos plantas que nacen directamente en sustrato mineral y donde adaptamos las que llegan en tierra.
Y lo estamos contando en público, con fechas y fotos, en un diario de adaptación en el que también aparecen los contratiempos. Porque si algo he aprendido en treinta años es que la confianza se gana enseñando el proceso, no solo el resultado.
Foto real: trasplante a sustrato mineral, con el indicador de nivel del depósito.
¿Se podría haber lanzado antes? Seguramente. Pero cuando lo que vendes es algo vivo, cada atajo se convierte en una planta muerta en la oficina de un cliente. Y una planta muerta en la recepción de un cliente es la peor publicidad que existe. En lo que no te enseña ningún libro de emprender ya contaba que la paciencia es una de las cosas que menos se enseñan y más se necesitan. Con Vivert la he tenido que practicar de verdad.
La ilusión a estas alturas
Me preguntan si se vive igual un proyecto nuevo con treinta años de experiencia que con veinticinco años de edad. Mi respuesta es que la ilusión es la misma. Lo que cambia es todo lo demás.
Cambia que ya no confundes ilusión con prisa. Cambia que sabes que la primera versión del modelo de negocio casi nunca es la buena y no te asusta corregirla. Cambia que te rodeas mejor: en Vivert trabajo con una arquitecta biofílica y con un ingeniero agrónomo, porque sé perfectamente lo que yo no sé. Y cambia que mides desde el primer día, porque la ilusión sin números es solo un hobby caro.
Pero la emoción de ver la primera instalación en la oficina de un cliente, o una hoja nueva saliendo en una planta que hace dos meses dudabas si iba a sobrevivir al trasplante, es exactamente la misma que sentí la primera vez que emprendí. Y no la cambio por nada.
Si estás pensando en emprender, sea a la edad que sea, te diría una sola cosa: no esperes a que se te pase la ilusión, pero tampoco dejes que sea ella la que tome las decisiones. En 10 cosas que aprendes emprendiendo tienes las que yo habría querido saber antes.
Por qué el verde importa tanto
Pasamos la mayor parte de nuestra vida despiertos dentro de edificios: en la oficina, en casa, en el coche. Y los seres humanos no estamos hechos para eso. El biólogo Edward O. Wilson lo llamó biofilia: la tendencia innata que tenemos a buscar la conexión con la naturaleza.
No es poesía. Un estudio de la Universidad de Exeter publicado en 2014 (Nieuwenhuis y colaboradores) comparó oficinas austeras con oficinas enriquecidas con plantas y observó que la productividad de los equipos mejoraba alrededor de un 15 %, además de la satisfacción con el espacio de trabajo. Hay mucha más investigación sobre cómo el contacto visual con la naturaleza ayuda a recuperar la atención y a reducir la fatiga mental.
Foto real: monstera en sustrato mineral con autorriego, en un hogar.
Lo he vivido en mis propias empresas y en casa: un espacio con plantas vivas se siente distinto. Se trabaja más a gusto, se recibe mejor a las visitas y la gente cuida más el sitio. Las personas no somos máquinas que rinden igual en cualquier entorno, y cualquier director que haya gestionado equipos lo sabe.
Ahora bien, quiero ser muy claro con algo, porque en este sector se exagera mucho. En Vivert no decimos que las plantas purifiquen el aire de una oficina de forma significativa. La investigación más seria (Cummings y Waring, 2019) concluye que harían falta cantidades de plantas imposibles para notarlo frente a una buena ventilación. Nuestro valor está en el bienestar, en el espacio y en hacerlo de forma sostenible, no en promesas que no se pueden demostrar.
Vivert, ESG y los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Cada vez más empresas tienen que rendir cuentas de su impacto ambiental, social y de gobierno. Y aquí es donde un proyecto como Vivert deja de ser «decoración» y pasa a ser una decisión de empresa.
Ambiental. El riego por capilaridad desde un depósito evita el agua que se pierde regando a ojo y nos permite medir el consumo de cada instalación. El sustrato mineral se lava y se reutiliza, igual que las plantas y los maceteros, que siguen siendo nuestros. Y en el mantenimiento habitual no usamos biocidas.
Social. El diseño biofílico pone a las personas en el centro: espacios más agradables para quien trabaja en ellos y para quien los visita. En colegios, clínicas o zonas con niños y mascotas, solo usamos especies no tóxicas.
Gobernanza. Registramos visitas, reposiciones y consumo de agua para que la empresa pueda incluir esos datos en su memoria de sostenibilidad. Lo que no se mide no se puede reportar.
En cuanto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Vivert se relaciona con cinco:
- ODS 3. Salud y bienestar: espacios de trabajo más saludables.
- ODS 6. Agua limpia y saneamiento: riego eficiente y consumo medido.
- ODS 8. Trabajo decente y crecimiento económico: mejores entornos laborales.
- ODS 11. Ciudades y comunidades sostenibles: más naturaleza dentro de los edificios.
- ODS 12. Producción y consumo responsables: materiales reutilizables y menos residuos.
¿Y el ODS 13, el de acción por el clima? No lo incluimos. Unas plantas de interior no compensan de forma relevante las emisiones de CO₂ de una empresa, y no vamos a decir lo contrario para quedar bien en una presentación. Prefiero cinco objetivos que podemos demostrar a seis que no.
Lo que me llevo hasta aquí
Lanzar Vivert me ha recordado tres cosas que llevo años diciendo a los emprendedores y directivos con los que trabajo, y que ahora me he vuelto a aplicar a mí mismo:
- Primero el problema, después el producto. Vivert no nació de querer vender plantas, sino de ver por qué las plantas morían en las oficinas.
- El tiempo de prueba no es tiempo perdido. Dos años de investigación son la diferencia entre un proyecto que dura y otro que se quema en la primera temporada.
- La honestidad es una ventaja competitiva. Decir lo que tu producto no hace genera más confianza que cualquier eslogan.
Vivert empieza en Zaragoza y la idea es llevarlo, con el mismo estándar, al resto de España. Queda todo por hacer, y esa es precisamente la parte que más me ilusiona.
Si quieres ver cómo trabajamos, lo tienes en vivert.es. Y si estás pensando en lanzar tu propio proyecto y quieres contrastarlo con alguien que ya ha pasado por ahí, en el Club El Camino del Emprendedor y en la mentoría individual es justo de lo que hablamos.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo hace falta para lanzar un proyecto como Vivert?
En nuestro caso, más de dos años de investigación y pruebas antes de vender nada. No es una regla, pero cuando el producto es algo vivo, las prisas se pagan caras.
¿Qué es Vivert?
Es una empresa de Zaragoza que diseña, instala y mantiene plantas naturales para empresas en sustrato mineral, sin tierra, con autorriego y en una cuota mensual.
¿Qué relación tienen las plantas en la oficina con los criterios ESG?
Tocan las tres letras: menos agua y más reutilización en lo ambiental, bienestar de las personas en lo social y datos medibles para la memoria de sostenibilidad en la gobernanza. Siempre que se midan y no se exageren.
¿Con qué Objetivos de Desarrollo Sostenible se relaciona Vivert?
Con el 3 (salud y bienestar), el 6 (agua), el 8 (trabajo decente), el 11 (ciudades sostenibles) y el 12 (producción y consumo responsables). No incluimos el 13 porque no podemos demostrar un impacto relevante en el clima.